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Medidas, estilo, profundidad, tapicería, anchura, relleno... Las variables son muchas y complican la elección de una pieza básica en nuestros hogares: el más utilizado y, sin duda, el más entrañable símbolo de comodidad.
El tamaño sí que importa. Y mucho Lo primero que debemos hacer es plantearnos qué tipo de sofá necesitamos. Olvida la última tendencia de sofás XXL si tu salón tiene un puñado de metros o si ni siquiera entra por la escalera de tu casa: sólo están recomendados para grandes, enormes, espacios diáfanos, en los que llevarán el peso de la decoración. Si dispones de pocos metros debes buscar uno cómodo, pero estrecho, a ser posible de dos plazas.
¿Qué estilo elijo para no equivocarme? Tradicional, vanguardista, retro... Elige en función del resto de la decoración de la vivienda, aunque en esta pieza fundamental podrás permitirte ciertas licencias: en una vivienda contemporánea, un chéster clásico pondrá una nota cálida; mientras que en una vivienda clásica, un sofá de líneas depuradas aportará movimiento. Esta regla de oro se puede aplicar a las tapicerías.
¿Y qué tejido o material? Es difícil responder a esta pregunta tan inherente al gusto de cada uno. Los expertos de KA Internacional nos explican que otomanes, chenillas y jaquards son telas muy resistentes; el único inconveniente es que necesitan limpieza en seco, mientras que las fibras soportan peor el paso del tiempo, pero son asequibles y fáciles de limpiar. También el curo y los nuevos materiales sintéticos son fáciles de mantener.
Versatilidad: la clave de los últimos en llegar Los sofás modulares aportan movimiento, creatividad y un montón de posibilidades a nuestros salones. Se trata de sofás que permiten decenas de combinaciones, adaptándose a las actividades que llevemos a cabo en cada momento: ver la tele, charlar, dormir o, incluso, trabajar. Y lo mejor: uno de esos módulos se puede integrar delante, convirtiéndose en un cómodo reposapiés o una improvisada chaise longue.
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